Un mes después, en casa de mis padres, empecé a caminar descalzo por la orilla del mar al atardecer. No lo entendía, pero el dolor de cabeza y la ansiedad se iban con cada paso, y la energía volvía como si me cargara. Al llegar a casa, horas más tarde, todo reaparecía. “Eso es psicológico”, me decían — te gusta el mar, los sonidos, claro que te sientes mejor.
Volví a mi rutina y me olvidé del tema. Pasaron tres años de altibajos, hasta que empecé a notar algo muy concreto: dentro de mi propia casa sentía una ansiedad que no sabía de dónde salía, con hipertensión y presión en el pecho y el cuello. Me acordé de la playa y empecé a sentarme descalzo en el olivar, 20-30 minutos al día. La ansiedad bajaba y el bienestar subía desde los pies — lento, pero innegable. La experiencia del grounding fue mi toma de conciencia de cómo el entorno electromagnético (en este caso, el electromagnetismo de la Tierra) tenía un impacto tan fuerte en mi bienestar y en mi salud. Fue un shock. ¿Por qué nadie me había hablado de esto? Esa experiencia cambió mi confianza en ciertas instituciones y profesionales, y me empujó a buscar una realidad científica más profunda. Después conocí Spiro, tecnología con la que experimenté una mejoría radical en mi electrosensibilidad y me rompió por completo los esquemas. De ahí nace Harmos.
Me formé como coach en contaminación electromagnética y evaluador en espacios en GEMS Academy, con licencia en el instituto EFEIA — empecé a formarme y trabajar con bioelectrografía ambiental gracias a la cámara GDV de Bio-Well y a evaluar la coherencia de los espacios mediante la antena Sputnik. Desde entonces evalúo y mejoro entornos afectados por campos eléctricos, magnéticos y de radiofrecuencia, con especial atención a la electrohipersensibilidad. Cuando más tarde compré mi propia casa de pueblo, con el cableado por fuera al estilo tradicional, terminé de entender algo que hoy es central en mi trabajo: la diferencia entre el estímulo electromagnético y la exposición al ruido cuántico artificial, y por qué dimensionar correctamente una tecnología como SPIRO requiere asesoramiento profesional, no intuición.
Lo veo de cerca en mis seres queridos: unos duermen entre cables y cargadores sin querer cambiar de hábitos; otros llevan años normalizando un tinnitus tras años de exposición en montajes industriales, sin plantearse la relación. No falta información, falta que alguien la señale con claridad. Eso es lo que hago ahora.
En mi experiencia, acompañando a clientes con síntomas propios de la electrohipersensibilidad, observo de forma consistente una mejora en su calidad de sueño tras el proceso completo: evaluación del espacio, implementación de medidas adecuadas y ajuste de hábitos. También he mejorado de forma verificable, mediante cámara GDV, el entorno electromagnético de espacios de yoga y meditación.1
Ver fuentes
1. Lo que observo en campo va en la misma línea que un ensayo controlado con placebo publicado: Korotkov, K. G., Gavrilova, E. A., Churganov, O. A. & Machado, J. J. (2022). Influence of electromagnetic protection technology on human psychophysiological condition. Journal of Applied Biotechnology & Bioengineering 9(1), 12–16. Uno de los coautores está afiliado al laboratorio IGEF (Alemania), que certifica productos de NOXTAK — lo señalamos por transparencia; no sustituye una evaluación independiente de tu propio espacio.